domingo, 14 de mayo de 2017

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Nunca he sido ambicioso; siempre se me ha achacado por no soñar, aunque cuando era niño tenía un sueño imposible: que mi cumpleaños coincidiera con el Viernes Santo, día de fiesta en La Antigua Guatemala. Este año estuvo cerca pues se celebró justo hace un mes, y lo disfruté como un regalo anticipado.  

Como “conformista” no aspiro a llegar a noventa o cien años, y aunque quisiera, mi estilo de vida lo haría poco probable.  Hoy doy un paso más en ese camino y noto que voy en forma óptima: disfruto trabajando, escucho música, salgo de paseo, leo los libros que quiero y converso con mis amigos.  Y a ustedes, amigos, quiero referirme hoy para agradecer los momentos compartidos, ya sean las noches de estudio en las aulas de la ELAM o trabajando en los hospitales nacionales; escalando un volcán o bebiendo cerveza de pipa en La Habana;  corriendo bajo la lluvia en la fiesta San Juan Chamula o en el carnaval de Purmamarca;  hojeando libros viejos, conversando en la calle del Arco o, desde luego, escuchando marchas fúnebres en las calles de mi ciudad.  No podría mencionarlos a todos y lamentaría dejar alguno fuera de mi lista.  Pero gracias a todos por ser parte de mi vida y hacer de mí lo que soy.  

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