viernes, 4 de marzo de 2016

COINCIDENCIAS

El año pasado compré un clarinete y con él adquirí un folleto viejísimo  para aprender a solfear ( talvez no es tan viejo, pero el proceso de fotocopiarlo mil veces atenta contra su legibilidad).  Aún no sé tocarlo; apenas esbozo algunas escalas.  Y sé que el único camino hacia  la interpretación musical es ensayar todos los días; me lo repite todo el mundo.
Sin embargo, cuando salgo del trabajo, cuando vuelvo a casa y no voy a hacer ejercicio, cuando  ya leí el periódico, cuando no debo volver a la calle por alguna diligencia y cuando aún es hora aceptable para la estridencia que conlleva mi práctica, apago el teléfono, tomo el estuche, lo abro, ensamblo el instrumento, coloco la boquilla en posición, la llevo a mi boca para emitir la primera nota y ahí me quedo.   Suspiro e invierto el proceso.  Luego voy a mi cama, tomo los audífonos, me acuesto y enciendo el reproductor mp3 haciéndolo sonar al azar.   Sustituyo la práctica musical por una sumersión en lo que mi reproductor decida.  Y no importa cuál pista suene; cualquiera será buena para evadir la incapacidad de ejecutar decentemente el clarinete.
        Esto podría entenderse de varias maneras: cobardía, respeto, pereza, entre otras.  Ignoro cuál es la más acertada.  Quizás no sea una sola, sino una fusión de todas ellas. 
         Como sea, esto no me resulta extraño.  Lo mismo me pasa al intentar escribir: cuando alguna idea me sorprende, cuando a mitad de la lectura subrayo un fragmento, cuando encuentro una nota atípica en el diario, cuando la nostalgia me rebalsa o cuando escucho alguna estupidez fuera de lo común, apago el teléfono, tomo la libreta de notas, la abro, escojo una idea anotada en ella o agrego una nueva, enciendo la computadora, inicio el procesador de texto, llevo la libreta a mis piernas, coloco mis dedos sobre el teclado a partir de las señas táctiles en la f y la j y ahí me quedo.  Suspiro e invierto el proceso.  Luego voy a mi cama, tomo un libro,  me acuesto y lo abro al azar.  Sustituyo la escritura por una sumersión en lo que mi mesa de noche decida.  Y no importa cuál libro lea; cualquiera será bueno para evadir la incapacidad de ejecutar decentemente la escritura. 
  

4 comentarios:

  1. Me ha pasado cuando intento poner en papel, o en la computadora, mis ideas y sentires. En mi caso este continuum de la evasión me ha llevado a trabajar mis miedos y la cobardía, como vos bien decís. Tengo aún tantos pendientes, entre ellos el ejercicio de la escritura.Talvez toca dejar de pensar un rato y dejar que el sentimiento fluya. En fin, bonitas letras las tuyas.

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  2. Me ha pasado cuando intento poner en papel, o en la computadora, mis ideas y sentires. En mi caso este continuum de la evasión me ha llevado a trabajar mis miedos y la cobardía, como vos bien decís. Tengo aún tantos pendientes, entre ellos el ejercicio de la escritura.Talvez toca dejar de pensar un rato y dejar que el sentimiento fluya. En fin, bonitas letras las tuyas.

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  3. Nos pasa todo el tiempo. Disfruta esos momentos también. Hay que saber de todo.

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  4. Nos pasa todo el tiempo. Disfruta esos momentos también. Hay que saber de todo.

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